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Breve historia de la barba

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La leyenda, transmutada en historia (o al revés), dice que todo empezó en 1928 cuando el mundo asistió al milagro de un ratón a los mandos de un barco. Tras la fallida creación de Oswald, el conejo afortunado, cuyos derechos acabaron en manos de Universal, Mickey Mouse y su Steamboat Willie se convirtieron en el primer corto animado con sonido. Y no sólo eso. La creación de Ub Iwerks (él fue el dibujante del ratón) pronto adquiría el carácter de icono de los tiempos. De todos. A ello le siguió las Silly Symphonie, antecedente directo de Fantasía, y la particular adaptación de Los tres cerditos, el corto animado con más éxito de la historia, justo antes de que en 1937 Blancanieves y los siete enanitos inventara la infancia. Literalmente. Hasta la llegada a los cines de la princesa destronada, los niños no habían sido nunca un público deseable. No solían tener dinero. O no tanto como sus padres. Hasta que Disney cayó en la cuenta que detrás de cada infante hay una familia y un brillante negocio de happy meals. La película que, entre otras innovaciones incorporaba la cámara multiplanos para producir sensación de profundidad, costó cerca de 1,5 millones de dólares. El presupuesto había sido más que superado. Para mayo del 39, la recaudación de 6,5 millones convertían a Blancanieves y sus amigos diminutos en la película sonora de más éxito de la historia.

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