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PP, PSOE y Ciudadanos pueden ser los tres pilares sobre los que se fundamente una posible reforma de la Constitución, «acotada», «prudente» y con «consenso previo», en la nueva legislatura. Se trata de partidos que, pese a sus diferencias, se muestran dispuestos, llegado el caso, a jugar en el mismo terreno y con reglas comunes. Ayer, sus respectivos líderes lo pusieron de manifiesto. Sin embargo, en su acuerdo de principios faltaría la cuarta columna. Podemos rechaza entrar en la partida: la formación de Pablo Iglesias apuesta por la demolición del texto del 78 y por abrir un «proceso constituyente», es decir, redactar «un nuevo articulado» que alumbre otra ley fundamental en la que se recojan «las demandas de la mayoría social».

La formación de Pablo Iglesias es la tercera del Congreso, pero con sus 71 diputados tiene fuerza para exigir someter a referéndum cualquier acuerdo de revisión del texto constitucional pactado por todos los demás partidos y aun cuando no afecte a las partes esenciales del mismo. Basta que lo demanden 35 diputados, es decir, un 10% de los miembros de cualquiera de las dos Cámaras en los 15 días siguientes a su aprobación.

Podemos, hoy por hoy, no tiene ninguna duda de que llegado el caso utilizará esta prerrogativa a fin de que cualquier modificación sea votada por los ciudadanos. Iglesias, ayer, mediante un vídeo, advirtió de ello en un intento de exhibir su potencia parlamentaria.

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Mark Farrugia

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