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“Que no nos roben las elecciones”

Pero, de nuevo, esto choca con la actitud de los líderes políticos. El 10 de octubre, en un mitin en la ciudad blanca y obrera de Wilkes-Barre, en Pensilvania, Trump declaró: “Tenemos que asegurarnos de que no nos roben las elecciones. Y todo el mundo sabe de lo que estoy hablando”. En aquella ocasión, Trump, en su habitual estilo, habló de “cosas horribles” que están pasando en “Filadelfia, San Luis, y Chicago”. Tres ciudades demócratas y con un enorme peso de votantes hispanos y negros. Pocos días antes, también en Pensilvania, Trump había sido muy claro cuando dijo a sus seguidores que quiere que el 8 de noviembre “salgáis y miréis en los colegios electorales” de Filadelfia por si hay “trampas”.

Así, Trump está cortejando indirectamente el respaldo del extremismo estadounidense. Un día después del incendio de la iglesia, ‘The Crusader’ (‘El Cruzado’), el periódico oficial del Ku Klux Klan, apoyaba oficialmente la candidatura de Trump. Es uno de los poquísimos medios en EEUU que ha respaldado al candidato republicano aunque, en lo que no deja de ser una ironía de la Historia, otro que también lo ha hecho es ‘Las Vegas Sun’, propiedad del empresario judío y extremadamente proisraelí Sheldon Adelson, que hace 4 años alcanzó una notable popularidad en España por su proyecto frustrado de construir la ciudad del juego llamada Eurovegas.

Adelson, que vive en un estado perpetuo de ansiedad ante el temor de una repetición del Holocausto, parece no querer saber con quién se ha metido en la cama. Las tácticas de los seguidores de Trump en la campaña traen recuerdos de la época en la que el padre de Donald Trump, Fred Trump, fue arrestado por participar en una manifestación anticatólica del Ku Klux Klan.

No son amenazas vacías. El 20% de los votantes de Danld Trump creen que abolir la esclavitud – algo que en Estados Unidos costó una guerra civil – “fue una mala idea”, según una encuesta llevada a cabo este año por la consultora YouGov para el semanario británico ‘The Economist’. Aunque la agresividad no es necesariamente contra los negros, sino contra todo aquel que tiene la piel de color diferente, o que, simplemente, puede votar por Clinton. Así, el presidente del Partido Republicano de Nevada, Michael McDonald, ha lamentado que los hispanos de ese estado “tienen mucho tiempo para votar”. Precisamente, los hispanos de Las Vegas podrían ser el grupo que decida quién gane estas elecciones. Y su voto va a ir para Clinton.

Hasta la fecha han votado alrededor del 40% de los estadounidenses que ejercerán su derecho, a menudo por correo. Mañana, sin embargo, el voto se realiza en colegios electorales, y eso plantea un problema más serio. The Right Stuff, el Movimiento Nacional Socialista, el Partido Americano de la Libertad, y los Guardianes del Juramento han movilizado a decenas de miles de activistas para grabar en vídeo a las personas que vayan a votar en los barrios negros del estado de Pensilvania, uno de los que pueden decidir la elección. En Filadelfia, el Partido Demócrata ha presentado una denuncia por lo que considera “intimidación” de los votantes de raza negra. La agencia de noticias Bloomberg ha citado a un alto funcionario de esa ciudad que no ha dado su nombre, declarando que hay “tres grandes operaciones en marcha para suprimir el voto”.

Milicias armadas blancas

Entretanto, la venta de armas, munición, y equipos de supervivencia se ha disparado, y la agencia de noticias Reuters ha informado de que hay milicias armadas blancas que están preparándose para la “resistencia armada” si Hillary Clinton logra la victoria en las elecciones. Una victoria que, según informaba el ‘Boston Globe’, será seguida de la fabricación de 30.000 guillotinas para decapitar a propietarios de armas de fuego. Al menos, ésa es la teoría que circula por el empobrecido estado de Virginia Occidental, uno de los feudos más importantes de Donald Trump.

A nivel nacional, el impacto de este movimiento parece muy limitado. Pero el hecho de que grupos armados como la Fuerza del Tres Por Ciento estén considerando la posibilidad de echarse al monte añade un factor de tensión. A fin de cuentas, fueron unos pocos fanáticos los que en 1993 provocaron un enfrentamiento con las autoridades en el pueblo de Waco, en Texas, que se saldó con 86 muertos. Un año después, para vengar aquella acción del “tiránico” Gobierno de Bill Clinton, otros dos ultranacionalistas volaron un edificio de oficinas en Oklahoma City y asesinaron a 169 personas. Según el Southern Poverty Law Center, que monitoriza el racismo en EEUU, hay un total de 276 milicias armadas, formadas por personas de raza blanca y de ideología conservadora. Cuando Barack Obama ganó las elecciones, hace 8 años, eran 42.

A veces, es difícil saber si hay motivación política o no en los actos de violencia. Michael Greene, que asesinó dos policías en Iowa el martes, tiene la entrada de su casa llena de carteles de Donald Trump y había sido arrestado recientemente por sacar la bandera confederada-la de los estados que se separaron de EEUU para mantener la esclavitud-en un partido de fútbol americano. Sacar la bandera confederada no es un delito en EEUU, pero sí lo es mostrar un comportamiento violento. Por ahora, no hay una versión oficial acerca de los móviles que impulsaron a Greene a asesinar a sangre fría a dos policías.

Entretanto, la campaña de Trump guarda silencio. El candidato seguía ayer buscando votos, esta vez acompañado del rockero Ted Nugent, que ha declarado en múltiples ocasiones: “Me gustaría ver a Barack Obama colgado”.

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