Amor

La foto del beso en las fiestas de la Mercé de Barcelona

Es un elemento común en muchos casos de abusos y agresiones sexuales: la víctima no se atreve a denunciar porque no encuentra la comprensión y el apoyo suficiente en su entorno. A veces, ni siquiera las autoridades a las que acude para pedir ayuda creen su versión. Esto es lo que ocurrió en el caso de la joven de 21 dePozoblanco (Córdoba) que fue agredida el pasado mes de mayo por los mismos hombres que violaron en grupo a otra chica en los pasados sanfermines.

La víctima de Córdoba subió al coche de uno de los agresores, el militar Alfonso Jesús C. E., sin saber que el resto la esperaba dentro. Horas después se despertó aturdida, golpeada y con la ropa destrozada, pero no sabía cómo había llegado a ese estado. Su memoria no recordaba qué había pasado durante un tiempo indefinido y, ante la sospecha de que había sido forzada, decidió llamar a varios amigos, aunque sólo obtuvo respuesta de uno de ellos a través de WhatsApp. Éste fue su diálogo:

Según la información publicada por el Diario de Noticias, su amigo la animó a interponer una denuncia, algo que finalmente no hizo. Otro de los amigos, un policía local que salió de fiesta con ella la noche de la supuesta agresión, le respondió horas más tarde. El agente no podía creer lo que insinuaba:

El desconocimiento de lo que sucedió dentro de aquel coche, la falta de identidad de los supuestos agresores y las dudas de sus amigos hicieron desistir a la joven a la hora de denunciar en un primer momento. Sin embargo, cuando la Policía Foral de Navarra contactó con ella casi cinco meses después para mostrarle las grabaciones que aún conservaban los agresores, la víctima no lo dudó.

Además de identificarlos, entregó a los investigadores varias fotografías que mostraban los moratones que detectó en sus piernas al día siguiente. También les dio las prendas –un vestido y unas medias rotas– y los complementos que llevaba la noche de autos, que coinciden con los que aparecen en las imágenes, y recordó que al despertar “le dolían mucho los muslos”.

Los propios autores difundieron las imágenes de la agresión a través de sus teléfonos móviles entre varios grupos de amigos, que no dudaron en mofarse de la escena. En uno de los chats, llamado ‘Manada’, uno de los presuntos agresores envía el vídeo y José Ángel P. M. (‘Prenda’), le responde:

Después, es el propio Prenda quien reenvía el documento a otro chat, ‘Peligro’ (del que forma parte el quinto acusado), en el que repican el tono de humillación y burla:

De los mensajes que intercambian en ambos chats se deduce el estado de inconsciencia en el que se encontraba la chica y cómo los presuntos agresores se aprovecharon de la situación para realizar tocamientos. Por sus palabras también se puede inferir que le suministraron alguna sustancia como la burundanga para anular su voluntad.

Inhibición

A partir de este viernes, será el Juzgado de Instrucción número 1 de Pozoblanco el encargado de investigar el caso, después de que el juez haya aceptado la inhibicióndel magistrado de Pamplona. Según informa el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA), a partir de las próximas semanas, la juez empezará a practicar diligencias de investigación que, entre otras, serán la declaración de la víctima, la declaración de los cuatro investigados a través de videoconferencia.

Igualmente, citará a testigos, solicitará una prueba de un médico forense, al tiempo que estudiará los análisis toxicológicos que recibe el juzgado, para conocer si los detenidos han suministrado sustancias tóxicas a la joven de 21 años.

El juez de Pamplona que investiga la supuesta violación grupal en los Sanfermines ve indicios de que cuatro de los cinco procesados por esos hechos abusaron sexualmente de la joven de Córdoba. El magistrado navarro se reafirmó este jueves en su decisión de mantenerlos en prisión provisional sin fianza por considerar que las declaraciones de la víctima son “altamente sólidas, coherentes y creíbles en cuanto a la forma en la que fue introducida en el portal y en cuanto a la falta de consentimiento sobre los actos a los que se vio sometida”.

En este segundo caso, una joven madrileña de 18 años denunció haber sido víctima de una violación por parte de un grupo de chicos que la introdujeron de manera forzada en un portal para perpetrar la agresión.